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Las claves de la Triple Mayéutica.




Al asomar la temprana Aurora de dedos rosa, Atenea me desnuda de arrogancia, y cubre mi alma de claridad.
Como el feto ha de morir para que nazca el hombre, así debe uno desprenderse de los mitos, de las leyendas que le embaucan, para poder renacer a un mundo nuevo.
Miro entorno a mí, a mis posesiones, a mi linaje, al kosmos. Todo cuanto existe está estratificado. La historia se desdobla una vez y otra en multitud de sucesos de acontecimientos que coexisten unos con otros. Quedan definidos Tres Niveles:
El Tercero de los Niveles está formado por el paraje en donde habitan los presocráticos. Es la estancia de aquellos que nos descubrieron el camino, pioneros del pensamiento. Allí viven desde antiguo iluminando con la luz de un faro a quienes navegamos por una postmodernidad ya casi agotada.
El Segundo Nivel es el más personal. Es el de mis miedos, el de mi memoria. En él se desarrolla mi existencia. Es el Nivel de la muerte de yo-mitológico y el del nacimiento del yo-presocrático. Como ellos mi existencia es en la medida que pude desprenderme de una herencia que me lastraba.
El Primero, y más importante, es el nivel en el que lucha la vida por abrirse camino. Necesita a  los anteriores para existir, como los otros dos no podrían haber sido sin éste.
Aión, Aydión y Kronos  lanzan unos dados que están trucados: sólo tienen tres caras. Los lanzan una vez, y otra… el resultado se repite idéntico, jugada tras jugada:

- uno, dos, tres…
- uno, dos, tres…

El Uno es de la Herencia que todos tenemos: Por ella se llega a ser lo que se es. La Herencia nos viene dada y hemos de acatarla.
El Dos el de la Propiedad: Todo cuanto hay en las alforjas, lo que heredamos, de lo que no nos hemos desprendido, o lo que recolectamos al pasar los años.
El Tres es el del Legado: Aquello que dejaremos cuando, exhaustos, descendamos hasta la morada de  δης. Por el Legado seremos juzgados.